lunes, 22 de septiembre de 2008

CUENTO 3/6

VOLUNTARIA

Todavía me da risa escuchar esa palabra: voluntaria. Mi estancia en el Distrito Federal había terminado, me tenía que despedir una vez más de aquella hermosa ciudad y de mi familia, eran las 10.00 a.m. faltaban 2 horas para que saliera mi vuelo de regreso a Tijuana, después de documentar y pasar las interminables paradas de revisiones llego a la sala A, y me arrepiento de haberme desvelado el día anterior, no aguanto el cansancio, me estoy quedando dormida sobre mi plato de frutas, por suerte alcanzo a oír que anuncian mi vuelo y camino hasta la terminal anunciada. Cual es mi sorpresa al llegar que veo a bastantes familias y turistas extranjeros bastante consternados, el vuelo esta sobrevendido y buscan pasajeros voluntarios para ceder su asiento y recibir a cambio “beneficios Aeroméxico”. Yo vengo sola, no pierdo nada, prefiero ceder mi asiento, total no tengo prisa. Pregunto en el mostrador y me ofrecen un boleto en primera clase para el vuelo de las 8.00 p.m. y un boleto gratis para un viaje redondo a cualquier destino de la república, con vigencia de un año, podría estar mejor. Salgo del aeropuerto y tomo el metro, conozco algunas estaciones y ya no quiero molestar a mi familia, pierdo la tarde en una exposición, una comida y un café. A las 8.35 p.m. despego con rumbo a Tijuana, o al menos eso creía yo, una hora y media después anuncian nuestro descenso en Guadalajara. No lo puedo creer, me apresuro a pedir información, y una señorita muy amable, me dice que es una pequeña escala. Casi 3 horas despúes, volvimos a despegar, que bueno que era breve, ni siquiera los asientos de piel de primera clase me permitían un buen descanso, estaba harta. Ya era de madrugada cuando anuncian que debido a las fuertes lluvias tendremos que aterrizar en Mexicali, y prometen una reanudación de vuelo muy pronto. Son las 6.00 de la mañana y estoy tratando de dormir en un camión mientras cruzo “la rumorosa”.8.00 a.m. por fin llego a Tijuana… estoy muerta en vida, pero creo que valió la pena, tengo un boleto gratis y podré volver cuando yo quiera, o al menos eso creía, no lo puedo creer, perdí mi boleto de cortesía, lo debí de haber usado de servilleta mientras comía en los “tacos parados” afuera del aeropuerto, había perdido la razón de mi ofrecimiento como voluntaria. Cuando llego a mi casa me preguntan: -¿Cómo fue que decidiste ofrecer tu lugar?- y al no querer recordar mi desgracia, sólo atiné a decir: - pues así, de forma voluntaria.

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